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Opinión -- Los jóvenes y la política
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15-05-2010
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 Alberto González Monteverde
El espíritu rebelde de muchos jóvenes hacia lo establecido como signo de identidad propio de esta etapa evolutiva, la existencia de un amplio abanico de cauces de participación (ONGs, redes sociales, asociaciones vecinales, culturales, deportivas…) en los que podemos canalizar nuestras inquietudes, nuestros proyectos y nuestras ganas de contribuir a una sociedad mejor y más justa; y, también, en gran medida, la mala imagen que muchos políticos están proyectando en la sociedad con sonados casos de corrupción, tráfico de influencias, prevaricación, incompetencia, abusos de poder, etcétera., están alejando a la juventud de la política.
A pesar de estos obstáculos y, además, con la motivación añadida de acabar con esas malas prácticas, que están poniendo a los pies de los caballos al resto de un colectivo de personas que entienden la política como un servicio a sus conciudadanos con el que mejorar sus condiciones de vida, algunos jóvenes hemos considerado oportuno que es el momento de implicarnos en esta noble actividad.
Con estas premisas e independientemente de las siglas que representemos, los que un día no muy lejano podamos formar parte del relevo generacional tenemos que demostrar que una nueva forma de hacer política es posible, alejándonos de confrontaciones estériles y sectarias para centrarnos en la defensa de los necesidades e inquietudes de nosotros, los jóvenes, tanto en el seno de nuestras organizaciones como en los ámbitos de participación que tenemos a nuestro alcance.
Y viene al caso esta reflexión porque en ocasiones la falta de argumentos y el ataque hacia otras formaciones, por parte de jóvenes que participan en política, conduce a que muchos ciudadanos se alejen aún más de la misma. El ver a personas jóvenes ¿debatir? en medios de comunicación, utilizando continuamente un discurso crispado, lleno de radicalismo y sin argumentos, crea en el ciudadano una desconfianza hacia los futuribles gestores de nuestras instituciones.
Quizás sea utópico pensar que un cambio en las formas pueda generar una mayor participación de los jóvenes en política, pero si tengo el convencimiento de que los jóvenes que participamos en política tenemos que trabajar duro y unidos para hacer valer nuestro rol protagonista en el devenir de nuestros partidos y de la sociedad, aportando nuestro empuje y espíritu innovador frente a inercias establecidas que nos conducen a ser meros siervos de unos lideres que solo quieren y demandan nuestra aprobación.
Por ello, los jóvenes tenemos que marcar una hoja de ruta alejada de la crispación, así como de la defensa y justificación desmedida de las actuaciones de los propios partidos, ya que en nuestra independencia de criterios radicará una de las mejores aportaciones que podremos realizar a las organizaciones en las que estamos integrados y, por ende, a la sociedad.
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*Alberto González Monteverde, miembro de la Ejecutiva Insular de Compromiso por Gran Canaria
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Miguel Rodríguez, la operación Calero y la violencia administrativa, en la Selva de Doramas
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02-12-2009
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Se inicia como siempre este magazín radiofónico, La Selva de Doramas, con la presentación de los colaboradores del programa, para ya a renglón seguido entrar en el breve repaso semanal de la actualidad ecológica y medioambiental de la semana y las convocatorias en las que proponemos participar a nuestros radioyentes, todo ello en la habitual sesión de Noticias verdes y Agenda ecológica.
Esta semana hemos analizado la celebración del Día del Árbol en Gran Canaria, nos hemos detenido en comentar la Gran Cadena Humana en Defensa de la biodiversidad celebrada en los alrededores del Parlamento de Canarias en Santa Cruz de Tenerife y lo que esto supone para la defensa de las especies en el archipiélago. En lo referente a convocatorias, especial atención a dos en esta semana: la concentración Por un Sahara Libre y en Paz. Por el regreso al Sahara de Aminetu Haidar, el jueves 3 y la Bicifestación y concentración Contra el Cambio Climático el próximo 12 de diciembre.
En esta ocasión nuestro invitado al programa es Miguel Ángel Rodríguez Santiago; ya nos había acompañado en una anterior emisión, concretamente en la que hablamos de “economía versus ecología”, pero en este nuevo encuentro nos habló de la Operación Calero, afectado por los entresijos de la misma y denunciante de este nuevo caso de “violencia administrativa hacia la ciudadanía”.
Todo aquel que nos escuche podrá tener cumplida información de las vertientes administrativas, judiciales y de diverso orden de esta operación y de cómo el entrevistado ha forzado y luchado que este expediente no quedara aparcado y se convirtiera en otro atropello más a la ley y el estado de derecho.
Nuestro invitado, en todo momento dominando fechas y hechos sucedidos en todo este largo proceso, que aunque lo denuncia en el 2008, comienza años antes; refiere como en más de una ocasión la “violencia en la planificación” y la propia de la maquinaria administrativa, sitúa delante de su casa la picota de una máquina de 40 toneladas. Nos ilustra igualmente sobre la negativa del Ayuntamiento de Telde a darle información sobre este expediente, asunto que se solventa cuando interviene la policía judicial, igualmente cuando la obra es paralizada los precintos de la misma son violados.
Días antes del estallido de la operación, el actual alcalde de Telde presenta un documento con 37 expedientes de la anterior corporación que van a ser remitidos a la fiscalía por presuntas irregularidades, el de la Operación Calero (Calero Alto II) no figura entre los elegidos, cuestión enmendada por la cercana intervención policial y judicial.
Todo este entramado viene a reconocer que no todo lo que hace la administración es legítimo o legal y que en la gran mayoría de las ocasiones viene a aprovecharse de la buena fe de los ciudadanos-as.
En todo este tiempo Miguel Ángel ha contactado con el Defensor del Pueblo que por supuesto contestó a su escrito. Ha tenido tres abogados distintos, han pasado dos grupos de gobierno por el ayuntamiento, con parecido criterio sobre este asunto y lo que sí le queda claro es que las instituciones no han funcionado.
Si deseas escuchar el programa, lo puedes hacer los miércoles a las 20 horas, con repetición los jueves a las 7 de la mañana y los domingos a partir de las 10 horas, en Radio Cibelio. También en emisión digital en www.radiocibelio.com , y en cualquier momento y lugar a través de los podcasts alojados en el servidor de audios IVOOX, en el enlace que te añadimos a esta información.
Puedes acceder al audio mediante el siguiente enlace:
http://www.ivoox.com/miguel-rodriguez-operacion-calero-violencia-administrati_rf_165301_1.html
ó bien en:
http://turcon.wordpress.com/2009/12/02/miguel-rodriguez-la-operacion-calero-y-la-violencia-administrativa-en-la-selva-de-doramas/ |
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A las sombras de Tahíche
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03-06-2009
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EL DESPERTADOR
Por Fidel Araña
Precisamente a las puertas de la cárcel de Tahíche, el martes 20 de octubre de 1998, a las cinco y media de la tarde. Esa fue la única vez que hablé con Matías Curbelo, el hombre sombra de Dimas Martín, también detenido ‘in fraganti’ por la policía en el marco de la Operación Unión por supuesto comisionista.
Recuerdo que aquella calurosa tarde de resaca de hace once años, desde la corta distancia de un meditado segundo plano, el exbrigada Matías Curbelo acompañaba entre un bullicio desconsolado al todopoderoso Dimas Martín minutos antes de que éste ingresara en prisión acusado de desobediencia continuada a la autoridad por las obras ilegales del bañadero de Guatiza.
En aquellas horas bajas y a horario tan intempestivo, el superhombre que había sido alcalde de Teguise, presidente del Cabildo y senador por la isla de Lanzarote, era aclamado por una multitud enfervorecida y casi traspuesta, que lo despedía con lloros de cocodrilo y vítores de ensalmo inexplicables como al Cristo Superstar a punto de emprender su regreso al cielo. Mientras que aquel Dimas endiosado y exultante saludaba, abrazaba, repartía besos y agradecía las muestras de cariño, su fiel escudero y servil guardián Matías Curbelo Luzardo observaba atento, vigilaba sus pasos, controlaba a la masa, protegía al líder, …disponía y ordenaba desde las sombras. En la distancia.
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| Recuerdo que entre empujones y sofocos, a poco más de un metro de la puerta de entrada a la prisión, extendí la grabadora y le pregunté a Martín Martín: “Por favor, Dimas, una sola pregunta. Usted ingresa hoy aquí para cumplir una pena de 6 meses de arresto por el caso del bañadero de Guatiza, pero todavía tiene otras causas pendientes. ¿Qué opinión le merece que esta misma mañana, desde la Fiscalía se haya revelado a los informativos de Onda Cero Lanzarote que se piensa solicitar para usted otra pena mayor de prisión con entre 11 y 14 años de inhabilitación para ejercer cargo público por el caso del Complejo Agroindustrial de Teguise?.
El tiempo pareció entonces detenerse de inmediato. El sol de justicia infernal que hacía aquella tarde apretó aún más sus dientes y como un foco estelar alumbró los surcos de su frente, y encendió su cara, toda. Sin pestañear, mirándome a los ojos con una helada profundidad de incertidumbre y vértigo, Dimas me respondió: “Joder, Fidel, ¿cómo se te ocurre preguntarme eso precisamente ahora?”. “Soy periodista”. Le respondí. “¿Cuál es su opinión?”, le insistí. Él, poniéndome su mano derecha sobre el hombro y con la izquierda cubriéndose de los colmillos de luz me dijo: “A eso, como comprenderás, no te puedo contestar ahora. Ya hablaremos”. Entonces bajó la cabeza y levantó los brazos. Fue una señal. El tiempo recobró su inexorable marcha y él, cual sacerdote de ceremonias, siguió saludando al gentío que entre aplausos coreaba su nombre.
Todo fue muy rápido. Yo estaba retirando la grabadora con la mirada puesta en los abrazos que Dimas le daba a sus hijos Fabián y Elena cuando, en décimas de segundo, noté cómo de un certero manotazo me tiraban la grabadora por los aires mientras que también me arreaban un doloroso y duro golpe traicionero en la cabeza por la espalda. Cuando pude girarme lo primero que vi fue una sonrisa indisimulada entre dientes y la mirada prieta, fija, clavada, de Matías Curbelo en la distancia. A unos cuatro metros de mí y a cinco del dirigente del PIL.
Me acerqué a Curbelo y le pregunté: “¿Qué ocurre, Matías, qué está pasando?”. Y él, agarrando la montura de sus gafas con las dos manos, y recolocándoselas, contestó con la pachorra que caracteriza a los lugartenientes: “De momento nada, Fidel. Sólo te digo que la próxima vez no sujeto a mis perros”. Yo, aún con la resaca por la celebración de la primicia ofrecida por el Ministerio Fiscal, pregunté: “¿Y muerden?”.
Fue la primera y última vez que hablé con Matías Curbelo. Con su jefe de filas, sin embargo, dialogué apenas un año más tarde, con motivo de las elecciones municipales, autonómicas y europeas que se celebrarían el 13 de junio de 1999. Dimas Martín Martín hacía campaña electoral entre sevillanas y musas ataviadas de farolé en el Centro Comercial Deiland de Playa Honda. Él, el incombustible político que se afamó en Teguise entre cebollas y batatas, aún actuaba regio como presidente del PIL. Yo, como un simple reportero de La Tribuna de Canarias. Allí, sentados en los peldaños de una escalara de servicio, apartados de oídos y miradas indiscretas, hablamos amistosamente durante más de una hora. Desde entonces a ninguno de los dos los he vuelto a ver. Sé que ahora están más juntos y presentes. Los dos meditando pasado y futuro en Tahíche. A la sombra.
Limpiafarolas.com |
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OPINIÓN/ El Despertador La panadera, el mendigo y un juez
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26-02-2009
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La panadera, el mendigo y un juez
Por Fidel Araña
Finalmente un juez de Barcelona ha condenado a un año de cárcel al mendigo que robó media barra de pan. Tal condena nada tiene que ver con el valor del alimento, ni por la gratuidad con la que el individuo se lo agenció, sino por el método y artes que empleó para llevárselo. El juzgador no castiga el delito del hambre, sino que para saciarla, el condenado cogiera la hogaza agarrando por el cuello de la bata a la dependienta de la panadería. Dice la sentencia que el hambriento empleó \\\"un medio violento e intimidatorio\\\". Me imagino que en versión jurisprudencia de ahora en adelante así deberá entenderse cualquier agarrón.
Admito que cuando supe de esta noticia me sentí cabreado y perplejo. Anonadado. Sí, incomprensiblemente abatido. Pero no por la dependienta que, seguramente saciada y aún en la posibilidad de comer todo el pan que quisiera, el 9 de septiembre del año pasado se llevó -dice- un gran susto. Digamos que distinto a los sustos que provocan las crisis, las subidas impositivas, las ineficacias gubernativas o las corrupciones y corruptelas sin dimisiones. Completamente distinto a los sustos que brotan de comparar sentencias condenatorias habidas por guantes blancos, y que no son cuestión de repetir, o los miedos que provocan casos rocosos y lapidarios como el de Tindaya, para no poner otros ejemplos.
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| No. No fue por la panadera el estupor que sentí. Fue por el hecho del hambre del mendigo y sus condiciones, al parecer un hombre de origen francés que no acudió en su defensa al juicio donde se le condenó porque, sin casa, no tuvo el juzgado la posibilidad de citarlo en tiempo y forma para que se personara como exige la administrativa y burocratizada legislación que, aún tolerante, permite casos perversos de guantismo, ocultismo y clara estupefacción.
Por eso, si yo viviera más cerca o más lejos de la panadería “El Pan”, en Badalona, donde tuvo lugar el hurto, como periodista haría todo lo posible por conocer en profundidad este hecho que reúne todos los ingredientes de un guión de Almodóvar: una panadera, un pobre, una barra de pan que cae al suelo y se parte en dos, un juicio y una condena de prisión.
Ante esta sentencia que considero desproporcionada, desajustada a la realidad social, poco humana y digna de pasar a la historiografía jurídica española, como informador me gustaría conocer en profundidad a los protagonistas. Saber quien es el juez, pero sobre todo quién es el mendigo François, cómo sobrevive, que siente, qué piensa, qué le ha llevado a vivir en su actual condición, y cómo experimentó el hecho mismo de robar para comer, y el instante mismo de la penosa visión de dos personas que agarran por las puntas una misma barra de pan que se parte en dos mitades, como en la platónica imagen mental del ser -individual y colectivo- dividido en estómago y razón.
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| Me pregunto quién es la panadera. En toda su extensión biográfica: edad, complexión, familia, residencia, relaciones humanas, formación… Y qué opina del concreto hecho del hurto en la que se vio envuelta supuestamente sin querer. Ante el magistrado manifestó que se sintió “intimidada”. En su sentencia, el juez emplea “el sentimiento de temor y miedo” y la supuesta “honestidad” de la versión de la dependienta para, precisamente, considerar que se trató de un robo violento con empleo de fuerza e intimidación, porque “si no concurren esos medios violentos, la conducta (del mendigo) no es constitutiva de delito de robo, sino de falta por hurto, porque el valor del objeto sustraído es inferior a 400 euros”.
La panadera dijo en el juicio que si el indigente le hubiera pedido la barra, se la habría dado, y el pobre hombre, cuando inicialmente fue detenido, que había cogido el pan porque no tenía dinero para comprar comida. Fue el Ministerio Fiscal quien pidió para él la condena de una pena de un año y medio de cárcel por “la violencia e intimidación ejercidas”.
Está visto que el hambre es violenta, que las condiciones que la propician son violentas. Basta mirar atrás, a los campos de exterminio. Basta mirar al presente: los gobiernos, las organizaciones… sus guerras. Basta mirar rigurosamente de frente a los ojos y los hechos de las personas que administran lo público en el mundo que vivimos. Aquí, sin ir mas lejos. La condena planetaria es unánime. Es evidente y probado que en la línea de progreso que llevamos el hambre será más hambre. Y la violencia cada día mayor. Aquí, allá y acullá.
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